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martes, 16 de noviembre de 2010

Celebremos el Día Mundial de la Filosofía


Por iniciativa de la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación la Ciencia y la Cultura), desde el año 2002, el tercer jueves de noviembre de cada año se celebra el Día Mundial de la Filosofía.

La Filosofía es una práctica asociada al ejercicio de la libertad y de la democracia, a la puesta en marcha del pensamiento crítico y reflexivo, a la deliberación y al debate, a la interrogación permanente acerca de las “valideces admitidas” en el mundo de la vida, y como tal, pertenece a una particular esfera de la experiencia humana.

Precisamente es nuestra “condición humana” aquello que nos conduce a preguntarnos cada vez acerca de “lo que se puede decir”, incluso acerca de aquello de lo que “es mejor callarse” (por parafrasear a Wittgenstein). La filosofía es ese discurso que se inscribe en el proyecto de desnaturalización de “lo obvio”, de lo que está “instituido” y no puede ni interrogarse ni modificarse. Y aunque ante la opinión común aparezcamos como “soberbios” e “individualistas”, la filosofía es una experiencia de pensar-con-otros, de dialogar, de “pensar juntos” con el afán de “elucidar” nuestra manera de estar en el mundo.

“Atenerse a lo dado” es sólo un modo de lo que Cornelius Castoriadis (La montée de l'insignifiance, 1993) llama “el conformismo generalizado”. Para nosotros, los filósofos, la filosofía es aquella forma de la actividad práctica que nos permite inscribirnos en el espacio público aunque sea como “fastidiosos”, “inoportunos”, “irreverentes” hasta el punto de que algunos pretendan, en ciertos casos, que permanezcamos “marginados”, “silenciados” u “olvidados”.

Este año, el Día Mundial de la Filosofía se celebra el 18 de noviembre próximo, y se realizará un acto especial sobre Filosofía, Diversidad Cultural y acercamiento de las culturas en la Sede de la UNESCO en París, como contribución a la celebración del Año Internacional de Acercamiento de las Culturas, 2010.
Desde la cátedra del Espacio de la Práctica Docente III del Instituto Superior de Formación Docente Nro. 129 de la ciudad de Junín, en la provincia de Buenos Aires, y en ocasión de la celebración del Día Mundial de la Filosofía, los invitamos a dejar sus comentarios a partir de la lectura de este fragmento de Michel Tozzi, profesor emérito de la Universidad de Montpellier y especialista en Didáctica de la Filosofía, que nos permite volver a pensar la tarea que hemos decidido llevar adelante: enseñar Filosofía.
"…Quisiéramos proponer dos razones fundamentales para legitimar la enseñanza de [la filosofía].

Pensar por sí mismo, asumir la condición humana.

La primera es la obligación educativa de ayudar a todo hombre a desarrollar su capacidad de pensar por sí mismo, a ejercer la libertad crítica de un juicio racional, a comprender el sentido de su relación con el mundo, con los otros, consigo mismo, para actuar con conocimiento de causa y de valor, y asumir (con virtud? sabiduría? felicidad?) su condición humana.
Tal afirmación comprende la invención de la filosofía en Occidente como un aporte mayor de la cultura (no excluyente de las formas filosóficas no occidentales o de otras figuras de la cultura, como el arte): la emergencia, en la Grecia antigua, de una racionalidad que busca, más allá del mito, darle inteligibilidad a lo que sucede, a permitir un posicionamiento reflexivo del hombre en el mundo y la sociedad, y adoptar una conducta que extrae su sentido de esta reflexión. También comprende la herencia de transmitir la historia de esta racionalidad, confrontada especialmente con la ciencia y la religión, y en general, con la historia humana.
Ciertamente porque la filosofía -por su poder antropológico de cuestionamiento sobre lo que le preocupa al hombre, es una de las formas más altas de la cultura humana, por su tendencia a la racionalidad y a la universalización, es por ello que vale que sea enseñada. Todo sistema educativo es así puesto frente a la cuestión acerca de su institucionalización, de su escolarización y de su didactización, en cuanto objeto de investigación, disciplina de vida y materia enseñada”.

“…Frente a la crisis escolar del sentido, bajo su doble figura de crisis con relación al saber (¿para qué sirve aprender?) y de su relación con la ley (avance de insolencias), la discusión filosófica en la escuela primaria
[1], innovación en ruptura total con la tradición de la enseñanza filosófica francesa, podría hacer converger:
Por una parte, en coherencia con la epistemología contemporánea, una relación no dogmática con el saber, por el predominio de la marcha de la pregunta y de la investigación sobre el resultado o la respuesta;
Por otra parte, una relación cooperativa con la ley, por la ética comunicacional del debate (forma democrática de los intercambios por procedimientos de turnos para hablar, y regulación socio-afectiva de los procesos, escucha y respeto por los otros...)


Ejercer su razón en perspectiva ciudadana.

De ese modo, se renueva el lazo original de la filosofía y la democracia (su co-nacimiento en Grecia). Discutir filosóficamente en la escuela, y hacerlo desde la infancia, es suministrar un marco de aprendizaje que despierte el pensamiento reflexivo
[2]. Hablar no por hablar (ir más allá de dominio de lo oral), sino para pensar lo que se dice, y no solamente decir lo que se piensa; hablar para saber de qué se está hablando y si lo que se dice es verdadero, con un funcionamiento democrático de la palabra, y con exigencias intelectuales de problematización, de conceptualización, de argumentación, ese el desafío.
Esta es, según nosotros, la segunda legitimación de la enseñanza de la filosofía en la escuela: ejercer, desde una perspectiva ciudadana, el uso esclarecido de la razón, para comprender las posturas económicas, sociales, culturales, éticas, de un mundo complejo, contribuir con rigor al debate público necesario para elecciones políticas decisivas y participar en los diferentes niveles de la vida democrática. La escuela tiene una responsabilidad particular en la educación de la ciudadanía, tanto por la inserción política del individuo en la sociedad, como por las condiciones de unir el lazo social para fundar este lazo político: el proceso de socialización democrática[3].
La discusión filosófica aparece, desde este punto de vista, como una garantía de calidad del debate democrático, en cuanto intenta preservarlo de sus desviaciones demagógicas: la doxología, donde uno se contenta con expresar sus opiniones sin la exigencia de validación racional; y la sofística, donde se busca vencer al otro más que convencerse a sí mismo, rebatiendo la exigencia de verdad de una comunidad en búsqueda del asentimiento del simple número (por ejemplo, el voto).

Por una parte, aprender a pensar por sí mismo, para asumir su humana condición; por otra parte, insertarse de manera crítica en el debate de las acciones públicas; he aquí dos fuertes razones para enseñar filosofía en la escuela."


¿Cómo resignificamos hoy el mandato kantiano de “aprender a filosofar”?


“Filosofar, es articular, en el movimiento y la unidad de un pensamiento complicado sobre nociones y cuestiones fundamentales para todo hombre, procesos de problematización (interrogarse), de conceptualización (definir nociones, hacer distinciones) y de argumentación (fundar/deconstruir racionalmente)”[4].

Enseñar filosofía deviene entonces, ante todo, desde una perspectiva cognitivista, “hacer aprender a filosofar”, poniendo al alumno en una situación de aprendizaje donde desarrolle sus capacidades de base para problematizar cuestiones, para conceptualizar nociones
[5], argumentar tesis y objeciones, [en una situación de aprendizaje….] donde él va a articular estas capacidades con competencias complejas: leer[6], escribir[7], discutir filosóficamente.

Desde esta perspectiva, nuestras últimas investigaciones tratan particularmente, en relación al monopolio de la disertación como ejercicio formador, sobre el interés de experimentar en clase formas diversificadas de escritura filosófica, utilizadas ya por los filósofos mismos, pero no didactizadas hasta aquí, -sea bajo el dominio conceptual (ensayo, carta, diálogo), sea bajo una tendencia más metafórica (el aforismo, el mito, el cuento, el poema filosófico)-; e intentan articular como dispositivos estas dos formas de escritura.
Por otra parte, nos interesamos, con relación a la primacía de la lección y de los textos, en la introducción de debates filosóficos en clase, entre pares y con el profesor, para organizar y superar la confrontación de las simples opiniones.
Estas formas, escritas y orales, de relación del lenguaje con el pensamiento, han sido retomadas en una reflexión sobre el lugar de la filosofía en la sociedad. Pensamos en efecto que en una democracia, la filosofía puede tener un efecto “demósofo” (sabiduría del pueblo). Y que nuestra democracia necesita de él para escapar a la demagogia".


Aprender y enseñar filosofía se vuelve entonces una apuesta democrática

“No solamente la filosofía debe, según nosotros, suministrar un marco de aprendizaje del pensamiento reflexivo y del debate ciudadano exigido en el contexto escolar, sino que ella puede y debe contribuir a la educación del pueblo fuera de la escuela, a la manera de Sócrates en el ágora, según modalidades a inventar….
De la misma manera, acantonar la filosofía a las clases del ciclo terminal, nos parece privar al alumno del entrenamiento en el pensamiento reflexivo lo más temprano posible…
Estas prácticas, en particular con alumnos con dificultades
[8], permiten reconocer el desafío democrático de la educación filosófica de todos, el cual nosotros lo postulamos a título de ideal regulador: la exigencia de derecho y la posibilidad de hecho.
El “aprender a filosofar”, en el ciclo terminal, pero también a lo largo y a lo ancho del sistema educativo, es un desafío. Es aquel de que cada hombre, y cada ciudadano, pueda imbuir de un pensamiento reflexivo su vida personal y colectiva".
(Extractos de Michel Tozzi, (2001) Pourquoi enseigner la philosophie? en Pratiques Philosophiques. Disponible en: http://pratiquesphilo.free.fr/contribu/contrib10.htm.
Traducción: Liliana Ponce, Capacitadora en Filosofía, ETR Región 14, Dirección de Capacitación Educativa, Provincia de Buenos Aires, Septiembre de 2006).
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[1] Tozzi, M. L’éveil de la pensée réflexive chez l’enfant. Discuter philosophiquement à l’école primaire ? CNDP-Hachette, 2001.
[2] Ejemplos de temas sobre los cuales es posible trabajar en la escuela primaria: ¿qué es un amigo? ¿todos somos semejantes? ¿tenemos el derecho de hacer cualquier cosa? ¿qué diferencias hay entre un hombre y un robot? ¿los animales piensan?
El dispositivo reposa sobre una diversificación de funciones: presidente de la sesión, introductor de la cuestión, reformulador de pensamientos, informe del grupo, observador de los que disputan, etc.
[3] Tozzi, M. “La socialisation démocratique à l’école : un concept pour une pratique », en Vers une socialisation démocratique (Paturet J-B, Théetetes Editions, 1998) ; Tozzi, M. « Définir un mode scolaire de socialisation démocratique » en CERFEE nro. 15, Revue de l’équipe de recherche sur la socialisation démocratique, Universidad Montpellier, 1998.
[4] Tozzi, M. Penser par soi-même. Initiation à la philosophie, Chronique Sociale, 1994.
[5] Sobre las nociones: -de verdad: Tozzi et al. Etude philosophique d’une notion, d’un texte. CRDP- Montpellier, 1993 ; -de libertad : Tozzi, M. « Didactiser l’apprentissage du philosopher ? » en Enseigner la philosophie : pourquoi ? comment ? CIRID-CRDP de Alsacia, 1997 ; de justicia : Fondation Baudouin sobre la justicia, Bélgica, 2000.
[6] Tozzi et al. Lecture et écriture d’un texte argumentatif en philosophie, CRDP-Montpellier, 1995.
[7] Tozzi, M. L’Oral argumentatif en philosophie, op.cit.
[8] Pettier, J-C. La philosophie en éducation adaptée : utopie ou nécessité ? thèse, Universidad Luis Pasteur, Estrasburgo, 2000